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Policromia

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Santiago de Compostela, rúa Costa Vella, 2012 Colores, brillo de la naturaleza, creadores de paisajes, barniz divino de la exuberancia vital. Colores, pensados por Newton como error de la luz, por Goethe como belleza ensimismada. Colores, destellos luminosos de aire irisado viajeros gráciles del espectro infinito. Colores, brillo de la sombra, al calor de la noche acerada, luces radiantes del ánimo, en la inmensidad del día. Colores, testigos y señales del camino que aguarda, entre negritud acechante y verde esperanzador. Colores, arcoíris vital, gama vibratoria, que incita y atempera lo que fue, lo que es y lo que será.

Destino

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Gredos, abril de 2005 Flotando liviana, mecida por el viento, elevándose etérea, solitaria, surca la hoja el aire en montaña rusa extrema de cumbres vertiginosas, de simas abisales, de calmas llanuras fugaces. Paradoja de movimiento aleatorio en eones infinitesimales, de vida en soledad tras nacer al aire. Metáfora de libre albedrío en manos de voluntades ajenas que arrastran a lo más alto… para impulsarte en barrena hacia el destino final.

Llueve

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Tierra de Campos (Valladolid), abril de 2011 El agua purifica el aire, limpia la faz de la tierra dejando un rastro de frescura aromática evocadora de candidez y principio inmaculados, níveos, perfectos. El gris plomizo del cielo, compañero inseparable de la lluvia, sugiere tiempos de despedida, momentos en los que el alma sabia, eterna decide limpiar lastres antiguos, huellas que duelen, aprendizajes permanentes de pisadas antiguas. La lluvia catártica insinúa ausencias. Con el agua vital fluyen recuerdos, tesoros de otro tiempo sin cabida hoy. La lluvia depura y acrisola el espacio y convierte el ayer que fue en joyas que son, en gemas vitales con anhelo de estrellas.